La Voz del Miedo

La Voz del Miedo

No vamos a entrar a definir qué es el miedo. Seguro que a estas alturas ya sabes sus efectos, muchas veces te quedas bloqueado, otras veces sales huyendo,… y eso ocurre aunque otras partes de ti quieren seguir adelante. A nosotras también nos pasa. A lo largo de nuestra vida hemos trabajado ese miedo de diferentes maneras, a veces para evadirlo, otras para enfrentarnos a él, otras para superarlo… Ahora sentimos, que cuando se presenta el miedo lo más útil es experimentarlo tal cual es. Y eso implica sentirlo, es decir, mirarlo, escucharlo,… Lo que hoy queremos compartir es una visualización que a veces utilizamos con nuestros clientes para acompañarles en esa escucha. Aunque lo que realmente interesante es que encuentres tu forma de hacerlo.

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Te propongo que profundicemos ahora más en ese miedo que sientes. Para ello vamos a establecer un diálogo con él. Vamos a hablar con la voz de tu miedo. Por si no lo sabes, te recuerdo que el miedo no es racional, y que es posible que las cosas que te diga no te suenen lógicas.

Lo primero que vas a hacer es conectarte con él. Después entenderle, después aceptarle y finalmente hacerle una propuesta de “amistad”.

  • Vamos a empezar con la conexión. Por favor, cierra los ojos. Piensa ahora durante un instante en <esa decisión, esa acción,…>. ¿En qué zona de tu cuerpo sientes tensión? Pon una de tus manos en esa zona. ¿Hay alguna otra parte de tu cuerpo donde también sientas tensión? Si es así, pon tu otra mano en esa zona. Presta atención ahora a esa voz de tu miedo. Haz una respiración profunda y pregúntale:

“¿Qué quieres compartir conmigo?”

Escucha su respuesta sin juzgarla.

  • Ahora vas a entender, a comprender, a esa voz de ese miedo. Te voy a plantear una serie de preguntas para que se las hagas. Escucha con atención sus respuestas.

“¿Sobre qué estás intentando advertirme?”

“¿Cómo estás intentando protegerme?”

“¿Qué consecuencias temes que tenga esto?”

“¿Qué te preocupa? ¿Qué es lo peor que puede pasar?”

Tal vez quieras hacerle alguna otra pregunta para comprender mejor a la voz de ese miedo. Si es así, házselas ahora.

  • Seguimos. El tercer paso, es aceptar esa voz. Otra vez te voy a pedir que le hagas algunas preguntas y que escuches sus respuestas. Es importante que al hacer estas preguntas, lo hagas sin juicio, sin estar a la defensiva, sin tratar de atacar a tu miedo, ni tratar de librarte de él. Hazlo con amor y aceptación, como si estuvieras con un niño pequeño que se siente asustado y solo.

 “¿Cómo me estás ayudando de la mejor manera que sabes?”

“¿Cuál es tu propósito positivo, tu intención positiva?”

“¿Además de seguridad, que otras metas o resultados estás intentando ayudarme a conseguir?”

Tal vez quieras hacerle alguna otra pregunta que te ayude a aceptar todavía más a la voz de ese miedo. Si es así, házselas ahora.

  • Seguimos. Ahora vas a hacerle una oferta de amistad y colaboración. En todo lo que te ha dicho, encuentra vuestros valores comunes, y metas en las que ambos coincidís (por ejemplo, seguridad, éxito, libertad, o conexión) para poder hacerle esta invitación de manera limpia y abierta.

Dile ahora: “Aprecio lo mucho que has trabajado para alcanzar esas metas de la mejor manera que sabes.  ¿Estarías dispuesto a trabajar conmigo, como amigos, para avanzar hacia nuestras metas comunes <enumerarlas> de manera las sintamos como seguras aunque a veces nos asusten?”

Pregúntale ahora “¿Qué necesitarías de mí para hacerlo así?”

Y ahora pregúntale “¿Hay algo más que quieras compartir conmigo?”

Tal vez quieras hacerle alguna otra pregunta para afianzar más esa oferta de amistad a esa voz de tu miedo. Si es así, házselas ahora.

Vamos a terminar esta conversación con la voz de tu miedo. Si quieres decirle algo para despedirte hasta la próxima, hazlo.

Y cuando estés preparado, puedes abrir los ojos.