Isabel Bernardos

¿Cuál es tu histórico de motes?

¡Qué bien! Esta es fácil porque yo nunca he tenido motes… Y me rio porque seguro que los ha habido y los sigue habiendo. Así que decido hacer una pequeña investigación…

Y mis queridas compañeras de Lobo Blanco me dicen que ahora, sin lugar a dudas, soy  “La Ingeniera Espiritual” (ellas también tienen buenos motes, pero me los callo…). Me encaja, porque yo siempre he sido muy mental y uno de los grandes retos en mi vida ha sido aprender a escuchar mis emociones. Y también es cierto que siempre he pensado (o tal vez lo he sentido) que hay algo más grande que yo, y que cualquier cosa que yo conozca, y que su poder no se entiende con la cabeza sino con el corazón, con el alma.

Venga, vamos con otro mote. A ver… Cuando empecé a trabajar como consultora en Microsoft coincidí con un grupo de chicas fantásticas. Ahora cada una estamos con nuestras historias; yo por ejemplo decidí dejar la seguridad de aquel trabajo para dedicarme a algo totalmente diferente que reflejase de verdad mi propósito en la vida. A lo que iba: en una de nuestras salidas empezamos a llamarnos “Las Yurban” y con ese nombre seguimos.

Y puesto que estoy con un histórico hacia atrás, creo que el siguiente mote puede ser el de la universidad. Allí estaba yo, en la Politécnica de Madrid, estudiando Informática porque pensaba que sería un buen modo de ganarme la vida. Sin embargo, lo que más me gustaba de todo era estar en el grupo de teatro. Así que mucha gente me conocía como “La Encarna”, porque así se llamaba el personaje que me tocó en la primera obra que representé allí.

¿Y de pequeña? Para mi tío “El Demonio” (ese era su mote), yo era “La Delgaducha”. Para el resto del pueblo, “La Formalita”. Era una niña muy aplicada, muy formal, un poco sosa…. Y un día durante una discusión con mi padre, que ya ni recuerdo, me dijo: “Tú siempre has hecho lo que te ha dado la gana”. Y aunque siempre me había creído ese papel de chica modosita que acataba las reglas establecidas, me di cuenta en ese momento de que tenía razón: nunca seguí una regla con la que no estuviese en cierto modo de acuerdo. Y me gustó; es más: me encantó. Y decidí que a partir de entonces seguiría así, pero con una diferencia: hacerlo conscientemente.