Qué es un negocio consciente

Qué es un negocio consciente

Cuando nos preguntan “¿A qué te dedicas?”. Respondemos “A impulsar negocios conscientes”. Y la mayoría de la gente se le quedan los ojos como platos. Entonces, explicamos que nosotras hacemos esto porque queremos ayudar a otras personas, porque queremos contribuir más allá de nuestro entorno. Y también queremos que esa ayuda sea nuestra profesión. Una profesión que nos permita vivir la vida que queremos y que nos merecemos. Y nuestros clientes, como tú, quieren eso mismo (o algo muy parecido). La profesión que tú hayas elegido, la ayuda que proporcionas es lo de menos. Lo importante es el propósito de servicio que hay detrás de tu negocio.

Nuestra trayectoria (esa es otra historia, que compartiremos contigo en otro momento) nos ha llevado a una conclusión para nosotras clave: Muchas de las cosas de un negocio estándar, no funcionan en un negocio consciente (como el nuestro, como el tuyo). No funcionan a nivel práctico (porque no te ayudan a conseguir tus objetivos y que tu negocio crezca) y no funcionan a nivel energético (porque te generan conflictos internos e impiden que fluyas).

Las razones por las que esto es así, se pueden resumir en 4 puntos:

Lo que tú ofreces no es un producto impersonal. Los negocios tradicionales suelen vender la misma cosa para todo el mundo (incluso aunque se puedan incluir pequeñas personalizaciones como por ejemplo al comprar un coche). Mientras que lo que tú aportas se parece más a una operación de corazón (cambia la vida de la gente), y se basa en la intimidad.

El valor que proporcionas, lo que se lleva tu cliente, no se basa en el precio. Si tienes un cliente 100% comprometido con su cambio o transformación, pagaría lo que fuese incluso porque le leyeses la guía telefónica ya que encontraría valor. Y si está 100% resistiéndose, no hay nada que tú puedas hacer (aunque se lo regales o seas tú quien le pague por ello).

La labor que realizas no se basa en ayudar a la gente a esconderse de sus problemas. Es habitual que la gente adquiera productos o servicios que les hacen sentir bien en el momento (como un azucarillo), pero que a largo plazo no sirven de gran cosa (esas son las cosas que suelen ofrecer los negocios tradicionales). Por el contario, tú les ayudas a conseguir cambios profundos en la raíz de los problemas y para ello necesitan “abrazarlos” y trabajarlos.

El negocio que llevas no encaja en la ley de la oferta y la demanda. Esta ley se basa en el estrés y la escasez, pero tú vives dentro de un paradigma de abundancia: “vivimos rodeados de oportunidades y todos podemos tener todo lo que queremos”. Por lo tanto, si intentas hacer negocios de manera tradicional, es muy probable que procrastines debido a un conflicto entre lo que quieres en lo más profundo de ti y lo que se supone que tienes que hacer en tu negocio.

Y sí, en tu negocio consciente, harás cosas como pensar en qué es lo que necesitan tus clientes y de qué manera conseguir que sean clientes tuyos, y definir las estrategias y poner en marcha las tácticas de comercialización necesarias para que ocurra. La diferencia con un negocio tradicional está en cómo hacerlo (desde tus valores, de manera que a ti te encante y a tus clientes también) y en la intención subyacente (tú motivación última es ayudar, acompañar, contribuir,…).

Todo esto, significa crear la presencia, consciencia y confianza auténtica para construir tu negocio y servir a tus clientes desde el amor, la honestidad, la integridad y la generosidad. Es decir, encontrar el lugar adecuado de “éxito” para ti. Saber cómo ser a la vez creíble y vulnerable. Abrazar los retos y conflictos del camino y vivirlos como oportunidades de aprendizaje, sanación y crecimiento. Se trata de asumir 100% la responsabilidad de todo lo que ocurre, en nuestros negocios, nuestras relaciones y nuestras vidas.